lunes, 30 de junio de 2014

BUITRES (V) por Elías Quinteros

BUITRES (V)

por Elías Quinteros

Si usted quiere ser el administrador de un fondo de inversión que, valga la redundancia, invierta su capital o, por lo menos, una parte del mismo en los títulos de una deuda pública, siga las siguientes recomendaciones:

1. Elija un país quebrado desde la perspectiva económica, es decir, un país que no puede afrontar sus compromisos externos. Compre una parte de los títulos devaluados de su deuda soberana a un veinte o un treinta por ciento de su valor nominal. No pague más. Siga mi consejo. Después, aguarde hasta que ese país reestructure su deuda y, por encima de todo, hasta que la economía de ese país mejore. Reclame el cien por ciento del valor de los títulos que estén en su poder. Y, si no logra su propósito, entable una demanda judicial. No se preocupe por la actitud del juez que le toque en suerte. Por lo general, los países deudores acuerdan oportunamente que los conflictos vinculados a su deuda pública sean tratados por magistrados extranjeros que suelen comprender las argumentaciones de los acreedores.

2. Tenga un poco de paciencia. No sea ansioso. Tarde o temprano, le darán la razón. Al fin y al cabo, sus papeles están en regla. Pero, cuando ese momento llegue, no afloje. El país deudor va a tratar de conmoverlo. Sus gobernantes van a pedirle que piense en los empresarios que van a perder sus empresas, en los comerciantes que van a perder sus comercios, en los empleados que van a perder sus empleos, en los propietarios que van a perder sus viviendas y, especialmente, en los ancianos que van a perder la posibilidad de asistir a un banco para cobrar sus jubilaciones, en los enfermos que van a perder la posibilidad de asistir a un hospital para tratar sus dolencias y en los chicos que van a perder la posibilidad de asistir a una escuela para incrementar sus conocimientos. Sin embargo, manténgase firme. Usted no es responsable del destino de los demás. Los habitantes de ese país no van a estar mal por su culpa. Van a estar mal por culpa de los gobiernos que los endeudaron. Por ende, no pueden reclamarle nada. Y, en cambio, sólo pueden hacer una cosa: pagar. Eso es todo.

3. Cuidado. Los acreedores que acordaron con ese país la reestructuración de su deuda soberana no lo van a mirar con simpatía. Mas, no les haga caso. ¿Usted los obligó a reducir la cuantía de lo reclamado? ¿Usted los obligó a disminuir el monto de los intereses? ¿Y usted los obligó a extender los plazos de los pagos? No. Entonces, no tienen que quejarse. Quien actúa como un tonto tiene que aprender a soportar las consecuencias de sus tonterías. Seguramente, con el transcurso del tiempo, van a comprender la magnitud de su equivocación. Cuando eso acontezca, van a tratar de imitarlo. Van a reclamar la totalidad de lo adeudado. Y van a atiborrar los juzgados con sus demandas. Pero, no van a aguantar la duración de un pleito judicial, ni la desvalorización de los títulos que están en sus manos. Por eso, van a procurar deshacerse de ellos. Y, cuando dicha situación acontezca, usted entrará en escena. No obstante, tenga presente una recomendación. No se engolosine. Sólo pague por esos papeles un precio razonable. O, dicho con más precisión, sólo pague el veinte o el treinta por ciento de su valor.

4. Usted tiene que comportarse como una persona de carácter, como una persona que nació para mandar. Por ello, no debe escuchar los pedidos, ni las sugerencias, ni las insinuaciones de nadie. Y, en particular, no debe prestar atención a las mujeres (aunque éstas dirijan naciones u organismos financieros de escala internacional), ni a los hombres de color (aunque estos tengan sus despachos en casas que están pintadas de blanco), ni a los ancianos (aunque estos digan que hablan en nombre de Dios), ni a los exponentes del populismo y el izquierdismo (aunque estos ocupen sillones presidenciales), ni a los burócratas (aunque estos formen parte de organismos internacionales). Todos quieren lo mismo. Todos pretenden que usted pierda su dinero. Y, con toda franqueza, el mundo no va a cambiar si le impiden cobrar lo suyo. Quizás, los que pronuncian discursos apocalípticos estén en lo correcto. Y, por lo tanto, el asunto de las deudas soberanas termine generando catástrofes económicas, problemas sociales, crisis institucionales e, incluso, luchas fratricidas. Mas, eso no es nuevo. Y, por otra parte, abre un abanico de oportunidades para la gente con iniciativa porque las facciones enfrentadas necesitan armas. Las armas cuestan. Y los gobiernos acostumbran endeudarse para obtenerlas: lo cual representa la posibilidad de adquirir más títulos.

5. No olvide que los países deudores no son tan pobres como suelen afirmar cada vez que deben saldar una deuda. Tal vez, no dispongan de dinero en efectivo. Sin embargo, algunos tienen petróleo. Otros tienen gas. Otros tienen minerales. Y otros tienen agua. Es decir, todos pueden responder con algo. Y los países deudores, además, no pueden caer en la injusticia de retener sus recursos naturales bajo la tierra, mientras el mundo los reclama para que la gente común pueda iluminar una vivienda, manejar un automóvil, beber una gaceosa y utilizar un teléfono celular. Ese egoismo no condice con la solidaridad que es reclamada por sus representantes. Por el contrario, pone de manifiesto su doble discurso. Por un lado, dicen que no pueden pagar. Y, por el otro, esconden los recursos que pueden desinteresar a sus acreedores y mejorar a la humanidad.

6. Usted siga adelante. No mire hacia atrás, ni hacia los costados. No escuche a ninguno que cuestione su proceder. Usted no es un especualdor sino un hombre de negocios. En consecuencia, actúe como tal. Y, si alguien dice que usted es un ser insensible, financie una fundación que fomente el arte, defienda la vida de las ballenas o atienda las necesidades de los pobres de Africa. Lo repito. Sea duro, tan duro como pueda, tan duro como una roca. Y, si las cosas no resultan del modo esperado a pesar de mis consejos, no me critique. Sin duda, cometió una equivocación. Por eso, venda sus títulos mientras estos puedan reportarle una ganancia. Y empiece de nuevo.

viernes, 27 de junio de 2014

Buitres (IV) por Elías Quinteros

BUITRES (IV)

por Elías Quinteros

La bendición de los fondos buitres por parte de la justicia de los Estados Unidos es algo que causa preocupación en la Argentina y, además, en otros lugares del planeta. Desde que el fallo del juez Thomas Griesa constituye una realidad inmodificable y, por lo tanto, la cesación de pagos configura una posibilidad, más de una voz cuestionó el accionar de estos fondos y de la magistratura estadounidense. Tal reacción es comprensible. Los acreedores que aceptaron la reestructuración de la deuda pública quieren que el gobierno nacional les siga pagando con regularidad. Los Estados que renegociaron sus deudas o que suponen que van a tener que hacerlo en algún momento no desean que los fondos buitres los conviertan en el objeto de una extorsión. Los que forman parte del ámbito de las finanzas perciben que la codicia ilimitada de unos pocos puede incrementar el deterioro del sistema financiero que rige al mundo en la actualidad: un sistema que muestra día a día las contradicciones y las falencias de un capitalismo que genera una crisis tras otra. Y los gobiernos que tratan con el nuestro por una cuestión de proximidad territorial, necesidad comercial y/o afinidad ideológica temen que la situación producida en los tribunales del país del norte pueda afectar de un modo negativo su actividad económica y, en algunos casos, su estabilidad institucional.

Indudablemente, la posibilidad de la caída de los acuerdos que derivan de la reestructuración de las deudas soberanas por obra de los fondos buitres inquieta a muchos. Al respecto, antes del pronunciamiento de la Corte Suprema de los Estados Unidos que ratificó de una manera indirecta lo resuelto por el juez Thomas Griesa, en uno de los puntos de la Declaración de Santa Cruz, China y el Grupo de los 77 (G77), resaltaron en forma conjunta el peligro de tales fondos. “[…] recordamos que en decenios anteriores y en los últimos años la gestión de la deuda soberana ha sido una cuestión crucial para los países en desarrollo. En los últimos tiempos, ha surgido una nueva preocupación relacionada con las actividades de los fondos buitre. Algunos ejemplos recientes de las acciones de los fondos buitre en los tribunales internacionales han puesto de manifiesto su carácter altamente especulativo. Esos fondos plantean un peligro para todos los procesos futuros de reestructuración de la deuda, tanto para los países en desarrollo, como para los países desarrollados. Por consiguiente, reiteramos la importancia de no permitir que los fondos buitre paralicen las actividades de reestructuración de la deuda de los países en desarrollo ni priven a los Estados de su derecho a proteger a su pueblo conforme al derecho internacional”. Y, unos días después, en el Comunicado de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños en Respaldo a la Posición de la República Argentina en la Reestructuración de su Deuda Soberana, la CELAC reiteró la necesidad de respetar dichos acuerdos. “Frente al reciente fallo judicial referido a un grupo minoritario de tenedores de títulos de deuda soberana de la República Argentina pendiente de reestructuración (hold-outs) los Estados miembros de la CELAC reiteran lo expresado en la Declaración de La Habana, adoptada por la II Cumbre de la CELAC (28 y 29 de enero de 2014) en el sentido que: ‘Consideramos indispensable para la estabilidad y predictibilidad de la arquitectura financiera internacional, garantizar que los acuerdos alcanzados entre deudores y acreedores en el marco de los procesos de reestructuración de las deudas soberanas sean respetados, permitiendo que los flujos de pago sean distribuidos a los acreedores cooperativos según acordado con los mismos en el proceso de readecuación consensual de la deuda. Es necesario contar con instrumentos que posibiliten acuerdos razonables y definitivos entre acreedores y deudores soberanos, permitiendo hacer frente a problemas de sustentabilidad de deuda de forma ordenada’”.

A su vez, en la Declaración Especial de los Estados Partes del MERCOSUR en Respaldo a la República Argentina, el Mercado Común del Sur rechazó la actividad de los fondos ya aludidos. “Las Presidentas y Presidentes de los Estados Partes del MERCOSUR, en conocimiento del reciente fallo judicial favorable a los planteos de un grupo minoritario de tenedores de títulos no reestructurados de la deuda soberana de la República Argentina (Hold-outs)”. “Manifiestan su más absoluto rechazo a la actitud de dichos Fondos, cuyo accionar obstaculiza el logro de acuerdos definitivos entre deudores y acreedores y pone en riesgo la estabilidad financiera de los países”. “Reconocen la vocación de la República Argentina de continuar honrando sus compromisos financieros internacionales, tal como lo viene haciendo sistemáticamente desde la reestructuración de su deuda en los años 2005 y 2010, donde se obtuvo el acuerdo de más del 92% de sus acreedores”. “Expresan su solidaridad y apoyo a la República Argentina en la búsqueda de una solución que no comprometa su desarrollo y el bienestar de su pueblo, en consonancia con sus políticas de desarrollo nacional”. Y, por su lado, en la Declaración del Consejo de Jefas y Jefes de Estado de UNASUR en Respaldo a la Posición de la República Argentina en la Reestructuración de su Deuda Soberana, la Unión de Naciones Suramericanas se expresó con un tono similar. “El Consejo de Jefas y Jefes de Estado y de Gobierno de la UNASUR manifiesta su solidaridad con el gobierno y el pueblo de la República Argentina frente al reciente fallo judicial referido a un grupo minoritario de tenedores de títulos de deuda soberana de la República Argentina pendiente de restructuración (hold-outs) y rechaza el comportamiento de agentes especulativos que ponen en riesgo los acuerdos alcanzados entre deudores y acreedores, afectando la estabilidad financiera global”. “Destaca los esfuerzos que viene realizando la Argentina para honrar los compromisos adquiridos desde la reestructuración de su deuda soberana en los años 2005 y 2010 a la que se acogieron más del 92% de sus acreedores”. “En tal sentido, manifiesta su pleno respaldo al logro de una solución que no comprometa el amplio proceso de reestructuración de su deuda soberana”.

Pero, la cuestión no se reduce a los aspectos expuestos. Así, en uno de los pasajes del discurso pronunciado con motivo de la conmemoración del Día de la Bandera, Cristina Fernández dijo: “[…] No olviden también que en nuestro país se ha descubierto la segunda reserva de gas más importante del mundo y la cuarta de petróleo no convencional más importante del mundo. Los que revolotean, no revolotean únicamente sobre las finanzas, revolotean también sobre los recursos naturales […]”. Esto fue convalidado por José Mujica (que manifestó que la situación suscitada tenía “relación con el hallazgo de Vaca Muerta”), y por Evo Morales (que expresó que la Argentina sufría una “agresión financiera económica” que apuntaba al “saqueo de las materias primas”). Por lo tanto, la totalidad de los asuntos que están en juego no aparece a simple vista. El problema no sólo implica la posibilidad de una cesación de pagos de carácter técnico (como consecuencia del embargo de las remesas que tengan la finalidad de cumplir las obligaciones asumidas con los acreedores que aceptaron la reestructuración de la deuda pública); de una catarata de reclamos judiciaciales y, por ello, de sentencias condenatorias que agoten las reservas del Banco Central y provoquen lo que el gobierno trata de evitar, es decir, la cesación de pagos (en el supuesto de admitir las pretensiones de estos fondos); de una crisis económica y, en los extremos más graves, de una crisis institucional; de un cimbronazo del sistema financiero de alcance internacional; y de una afectación de las economías emergentes. También involucra las reservas de gas y petróleo descubiertas recientemente: lo cual crea un peligro real para los recursos naturales de la Argentina y, luego, del continente. En definitiva, estamos ante unos especuladores financieros que quieren cobrar aunque eso produzca la ruina y el saqueo de los recursos de muchos. Ellos son la encarnación del egoísmo, del egoísmo más inflexible y cruel. Y, a todas luces, quienes los defienden son como ellos.

lunes, 23 de junio de 2014

BUITRES III por Elías Quinteros



BUITRES (III)

Elías Quinteros

El buitre es un ave de rapiña. O sea, es un ave que se alimenta de animales muertos, a diferencia de otras aves que buscan, cazan y matan a los animales que constituyen su alimento. Esto resulta desagradable para muchos. Pero, no autoriza el juzgamiento de su conducta desde una posición moral. Después de todo, este plumífero sólo acata los dictámenes de la naturaleza. En cambio, las personas que proceden como los buitres o que defienden a las que actúan como esas aves son susceptibles de dicho juzgamiento. Veamos un ejemplo de esto último. Hace muy poco, Alfredo Leuco, en su Carta abierta al juez Griesa, justificó la conducta de los fondos buitres con una serie a apreciaciones sorprendentes. En el comienzo de su misiva, otorga al magistrado el carácter de un civilizado que desconoce las costumbres y las valoraciones de los argentinos, es decir, de unos bárbaros que, lógicamente, actúan como tales. Y lo hace con el respeto y la sumisión que un hombre que vive en uno de los suburbios del mundo debe demostrar cuando se dirige a un exponente de la civilización y, en especial, a un exponente de la civilización que vive en el centro del Imperio. “Me dirijo a usted con el fin de poner en su conocimiento las distintas costumbres y valoraciones que hay en nuestro país. Esa ignorancia que usted manifiesta acerca de quiénes somos y cómo actuamos los argentinos es la que lo lleva a cometer errores groseros en sus fallos y decisiones”. Tras disculpar la ignorancia del civilizado ya que éste no tiene la obligación de conocer los hábitos de los bárbaros, manifiesta la intención de contribuir al enriquecimiento de su cultura general o, dicho de otra forma, de contribuir a la elevación de su nivel civilizatorio, para que no nos conduzca a una cesación de pagos y, por ende, a una quiebra general: dos males que, por el tono burlón que tiñe a la expresión utilizada, no preocupan mucho al redactor de la misiva. “Como se dará cuenta, estimado Mister Thomas Griesa, mi intención es ayudarlo. Y lo hago con absoluta buena fe y al solo efecto de contribuir en su cultura general para que disponga de todos los elementos y no nos obligue a ir a un default que a su vez nos llevaría a la quiebra como país”. Luego, incurre en una falsedad al ignorar los pronunciamientos judiciales que no favorecieron al gobierno nacional y, entre ellos, la duración prolongada e increíble de una medida cautelar que impidió en su momento la vigencia absoluta de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. Y, acto seguido, cae en la bajeza de desmerecer la actitud de un hombre que no abandonó sus convicciones cuando asumió como presidente de la Nación. “[…] Si usted se tomara el trabajo de estudiar un poco de historia argentina contemporánea, estimado Mister Griesa, comprendería que desde sus orígenes en Rio Gallegos y Santa Cruz, el matrimonio Kirchner premió a los jueces que se pusieron la camiseta del Frente para la Victoria y persiguió a aquellos que tuvieron la osadía de investigar con independencia la corrupción del poder político. ‘Medallas y negocios para los nuestros y látigo y palos para los de ellos’, ha sido un principio rector en toda la carrera de Néstor y Cristina. Esa es una convicción que no se negocia. Y usted sabe, Mr Griesa y si no sabe le cuento, que las convicciones no se quedaron en la puerta de la casa de gobierno”.

En los renglones siguientes, menoscaba a Alejandra Gils Carbó (la Procuradora General de la Nación), y a Justicia Legítima (un conjunto de jueces y fiscales que busca la democratización de la Justicia). Y reivindica al fiscal José María Campagnoli (que tuvo, entre otros, el apoyo de Cecilia Pando, una representante de la ultraderecha autóctona), y al juez Ariel Lijo (que reconoció la personería jurídica y política de Bandera Vecinal, un partido de orientación nazi). Por ende, condena a quienes aparecen asociados a lo democrático y defiende a quienes aparecen asociados a lo reaccionario. “Cuando los Kirchner desembarcaron a nivel nacional, aplicaron la misma estrategia. Ellos no cambian, Mr Griesa. Insisto, mantienen firmes sus convicciones. Al fiscal José María Campagnoli le están por hacer lo mismo […]. Es la modernización de un viejo axioma que decía al enemigo ni justicia. O justicia legítima. O justicia militante. Son varios los instrumentos que los Kirchner utilizaron para colonizar la justicia y castigar a los rebeldes que no se arrodillaron ante su altar. Allí está la procuradora Alejandra Gils Carbó para conducir los ataques a Campagnoli y los que van a venir después. Atención doctor Ariel Lijo. ¿Conoce ese dicho que advierte que si ves las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar? […]”. Después de apuntar sus cañones contra el juez Eugenio Zaffaroni (uno de los ministros de la Corte Suprema de Justicia de la Nación que no comparte la idea de un derecho penal de carácter represivo), redacta un párrafo que pueden competir con algunos de los pasajes más destacadas de ¿Qué es esto? (ese pasquín escrito por Ezequiel Martínez Estrada en contra del peronismo). “Así son las cosas por estas pampas, Dear Griesa. Sepa que pronto le van a mandar la AFIP para que le haga una inspección integral, que lo van a insultar por televisión en un programa que se llama six, seven, eight y que en un par de diarios que nadie lee van a publicar algo raro suyo que les dio la ex SIDE y lo van a convertir en campaña para ensuciarlo”.

Un poco más adelante, vuelve a la distinción entre civilizados y bárbaros. Pero, el deseo de ser ocurrente lo lleva a presentar a las personas que apoyan a Cristina Fernández como seres que piensan que la totalidad de los estadounidenses son imperialistas y que la totalidad de los empleados de Héctor Magnetto son individuos que obtienen algo más que un salario. Lo lleva a menospreciar la lucha contra la pobreza evidenciando una falta de sensibilidad social que es propia de quien no padece la miseria, el hambre y el frío. Lo lleva a sugerir que quienes apoyan a un gobierno que tiene relaciones amistosas con Vladimir Putin son putinistas. Y lo lleva a considerar que la recordación de Hugo Chávez (un mandatario que fue plebiscitado hasta el cansancio), es algo malo. “[…] quiero que sepa que hay diferencias culturales muy grandes entre ustedes, yankys, imperialistas, empleados de Magnetto y nosotros que estamos a favor de los pobres, de Vladimir Putin y honramos la memoria de Hugo Chávez”. Para el final, deja lo mejor. Por un lado, vuelve a presentarnos como un ejemplo de la barbarie. “[…] compañero Griesa, quiero informarle que nosotros tenemos una interpretación especial del inglés. Los argentinos sabemos de todo y estamos a la vanguardia de la traducción simultánea. God save de Queen en Inglaterra tiene un significado. Acá, significa Dios salve a Cristina. O Dios Nos libre y nos guarde”. Y, por el otro, revela la esencia de su pensamiento. Según él, la circunstancia de perder un juicio que puede afectar a la Argentina en más de un sentido no es importante. Al fin y al cabo, un juicio sólo es eso: un juicio. Nada más. “Hay sutilezas que usted no entiende, Mr Griesa. Por eso se atrevió a fallar en contra de nuestro país. Para este gobierno una cosa es perder UN juicio, que es lo que ha ocurrido y otra cosa muy distinta es perder EL juicio. Ese es nuestro verdadero problema”. Esto es un ejemplo clarísimo de la colonización cultural que afecta a algunos sectores de nuestra sociedad: un argentino que se avergüenza de su país y de sus compatriotas porque el gobierno nacional cuestionó el falló de un juez estadounidense que avaló la postura de los fondos buitres, en lugar de contemplar los intereses de la Argentina y de los acreedores que aceptaron la reestructuración de su deuda pública. En cierto modo, es como un extranjero, como un extranjero que tuvo la terrible desgracia de nacer accidentalmente aquí, lejos de la civilización, en medio de la barbarie más escandalosa. Quizás, por esta razón, el autor de la carta prefiere a los fondos buitres y a los magistrados que se pronuncian a favor de ellos.