Un encuentro antológico
Carla Wainsztok

En Perú en 1825, se encuentran el maestro y su discípulo. Un testigo relata el amoroso acontecimiento “yo vi al humilde pedagogo desmontarse a las puertas del palacio dictatorial, y en vez del brusco rechazo que acaso temía el centinela, halló la afectuosa recepción del amigo, con el debido respeto a sus canas y su antigua amistad. Bolívar lo abrazo con filial cariño y le trató con una amabilidad que revelaba la bondad de un corazón que la prosperidad no había logrado corromper. Rodríguez era un hombre de carácter excéntrico, no solamente instruido sino sabio, tenía el conocimiento perfecto del mundo, que sólo se adquiere con el constante trato de los hombres”
Dos años más tarde Rodríguez envía otra carta dirigida a Bolívar “que usted haya abrazado una profesión y yo otra, hace una diferencia de ejercicio, no de obra”
La obra en común es formar, en el caso de Bolívar la Patria Grande, la Confederación de Naciones y en el caso de Rodríguez formar tiene una connotación pedagógica. Formar pueblos, formar hombres para la sociedad, formar maestros.
Entonces formar es lo contrario de imitar, de copiar. Formar como un obrar propio. Dos ideas de Rodríguez al respecto “inventamos o erramos” y “adoptar adaptar”.
A diferencia de la gran mayoría de los pedagogos europeos, Rodríguez sostiene “en los niños pobres está la Patria” por lo tanto el proyecto pedagógico es sin duda de Educación Popular. Y a diferencia de otros pedagogos no cree que haya niños educables y no educables, además de confiar en la educación de adultos.
Su proyecto es una escuela donde se reúnan trabajo y educación. En Lacatunga funda un colegio donde se ha de enseñar Castellano, Quichua, Física, Química, Historia Natural y se establecerán dos fábricas una de loza y otra de vidrio, además de maestranzas de albañilería, carpintería y herrería.
Pero además su gran preocupación es leer, ya que Patria y Gramática constituyen una unidad. Formar la Patria requería formar la lengua.
Afirma Rodríguez que los niños y las niñas deben leer mejor que sus padres y sus abuelos porque ellos serán plenipotenciarios, los jueces, los gobernantes, los presidentes.
Leer a su vez es un acto filosófico, que no se limita a la interpretación sino a la comprensión en el sentido humanista y filológico de la palabra. Leer es compartir el relato, la leyenda.
Maestro y discípulo no estuvieron de acuerdo en todo, tuvieron un gran desencuentro sobre el método para enseñar. Bolívar preocupado por la falta de maestros y de recursos además de llamar a su lado a Rodríguez, invitó a Lancaster (creador de un método de enseñanza que se basaba en los monitores) a Venezuela. Rodríguez quien sostenía “que el tiempo es el lugar de la acción” detestaba a Lancaster y sus catecismitos. Para Rodríguez el tiempo de la formación era distinto al tiempo de lo coyuntural, sin embargo no dudo en escribir a favor de su discípulo.
En 1830, año de la muerte del Libertador, Rodríguez publica una obra que había escrito en 1828 que se conoce como Defensa de Bolívar.
Para el filósofo Castoriadis no es correcto que haya filósofos legitimadores, el filósofo debe ser siempre un tábano, un crítico, esto abre un gran interrogante respecto al lugar del pensador, del escritor, del filósofo ¿qué hacer cuando el proyecto de la Patria Grande se disuelve en internas como las que acontecieron luego de 1826 y prevalecen las patrias chicas?
A Bolívar le gustaba afirmar “la Patria es América”. Hoy en Venezuela los nombres de Simón y Simoncito, es decir los nombres del maestro de Bolívar, están asociados a las misiones de alfabetización y post alfabetización.
El maestro y su discípulo cabalgan por la América Meridional.